Mi casa huele a naranja, a clavo, a canela. Mi casa huele a árbol, a azahares, a ese olor cítrico, penetrante que queda impregnado en la sala, en los cuartos, en mis sentidos todo el día cuando me pongo a cocinar. Es un olor dulcete pero amargo, combinado con las especias que le van a dar el toque final a la mermelada de naranja agria que se cuece en mi cocina. Preparar las naranjas, lavarlas, cortarlas en rodajas, “blanquearlas” dejándolas 3, 4 ó 5 veces en el hervor que les va a extraer lo amargo de su esencia, para que el gusto no se resienta cuando probemos por primera vez su dulzura. "Pero no tan dulce", me decía mamá, debe tener un poquito de su amargo, de contraste, de sensación chocante para que no sea un sabor monótono o simplemente dulce. Debe tener el toque de la embriagadora naranja agria. Antes había un árbol de esta fruta en casi todos los solares, en los cafetales, a la orilla de las calles.
En temporada de cosecha, parecía que se venían al suelo de tanta fruta amarilla tirando como a doradas, grandes, de corteza brusca, fuerte, gruesa. Las abuelas acostumbraban darles a las personas un poco “nerviosas” el famoso té de cogollos de naranja agria, que tiene la particularidad de tranquilizarlas. Recuerdo que a mí me daban la comida con bastante de su jugo, para que me abriera el apetito, aunque creo que no había ninguna necesidad de ello, al menos, no conmigo. Hoy en día ya casi no la conocen. Una verdadera lástima. Ayer me encontré un botín en el Mercado de Heredia y no pude resistir la tentación de comprarlas.
El proceso es lento, paso a paso, no brincarse ninguno. No se debe empezar la tarea de hacer mermelada si no se tiene el día para disfrutarla. La perfecta combinación de agua, azúcar naranja, canela y clavo va a hacer que el resultado sea perfecto. Mas hay un paso que no debe faltar en su cocción: AMOR, dulzura que sale de adentro de nosotros, paciencia, cariño por lo que se está haciendo, y que todo eso junto provoque -al final- esa sensación de placer cuando nos servimos una buena cucharada de mermelada sobre una tajada de pan, sobre helados o simplemente sola, directamente del frasco, sin intermediarios. Disfrútenla.

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