domingo, 5 de noviembre de 2017



ISLA UVITA
Un paraíso bajo el cielo de Limón.




Los nativos la conocían como “Quiribrí” o la isla de los pájaros. 
  Cristóbal Colón la bautizó como “La Huerta”. 
Ella es bella por donde se le mire 
y  fue el escenario que recibió a los conquistadores
 cuando llegaron, por primera vez, 
 a nuestras costas




Esta isla es mágica, pequeñita, de gran verdor, 
con acantilados rocosos como de coral, 
porosos, puntiagudos, 
donde solo se puede caminar 
con zapatos de suela gruesa.  





Desde el sendero, en lo alto, podemos ver ensenadas tan azules que solo pensás en cómo llegar a esas aguas, sumergirte y descubrir lo que esconde más allá de la superficie espumosa. 




Desde niña la había visto con un gran signo de pregunta, creo que, en el fondo, hasta con un poco de temor.

¿Qué hay en esa isla? Para mí era todo un misterio.





Está en Limón, una de las provincias menos favorecidas por los políticos y olvidada por las entidades gubernamentales encargadas de promover el desarrollo de su gente.
  


Randall Villalta quien nos guió en nuestra aventura






Así también está este diamante en bruto. Hay mucho que hacer y no hay apoyo. 





Con las uñas y la ayuda de voluntarios
es que Randall Villalta,
un limonense con mucho 
amor por su tierra,



está tratando de sacar a flote
este maravilloso 
lugar ubicado a
3 kilómetros y medio de Limón centro
y de 11,07 hectáreas.


















Durante el siglo 19 sirvió de zona de cuarentena para enfermos de lepra y otras enfermedades como la viruela. Sin contar con estructuras adecuadas, enviaban a los enfermos a la isla para evitar el contagio del resto de la población. Los baños periódicos de agua salada eran parte del tratamiento.

“A partir de 1887 entran en funcionamiento las 4 estructuras
que conformaron los Edificios Nacionales de Cuarentena,
que en conjunto abarcaban aproximadamente 3256 m2..
El complejo era conformado por un Hospital de madera que
 descansaba sobre pilastras de mampostería,
ubicado al norte de la isla; una casa grande de 15 habitaciones
para pasajeros de primera clase
y dos casas de una sola habitación
 destinadas a pasajeros de segunda clase,
 una para hombres y otra para mujeres.
 Ya para 1908 se registra 151 asilados en los edificios de cuarentena”
Fuente: Wikipedia

En la actualidad, de todas estas estructuras, solo quedan algunos pilotes que conformaban las bases del hospital.



La isla es sitio de anidación del ave acuática Sula leucogaster (Piqueros) y es monumento nacional desde 1985




Aquí les dejo algunas fotografías de este paraíso caribeño. Yo fui y vine encantada, ojalá que muchos puedan ir y así ayudar a Randall en esta titánica labor. Conozcamos Costa Rica primero.


A lo lejos, un buque llegando al muelle de Moín.






Un Perezoso de dos dedos, hay como 25 en la isla

Pila de recolección de aguas pluviales





Río Limoncito, por donde salimos de Limón  hacia el mar.


Ana Álvarez Rojas
Noviembre 4, 2017




viernes, 24 de febrero de 2017

Esta luna pacífica ...y el sabor de tu piel....






Esta luna pacífica
que he encontrado sobre mi casa,
brillante, plácida,
con esa armónica visión entre el cielo, las estrellas
y el rayo de luz tenue que llega
hasta mi pequeño jardín,
no me hace ningún bien.

Hoy deseo ver el cielo oscuro
sin esas chispas relucientes,
sin ese círculo halado
sin  el halo iridiscente.
¡No necesito luz!.
Hoy deseo oscuridad
para dormir
y no ver mi fatídica vida
al claro de Luna
en esta noche sin sentido.



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¿A qué sabe tu piel?
La mía es salobre,
 esturario entre la vida dulce
 y el agua mar,
Acercá tu lengua tibia,
 húmeda, rugosa.
Dejame un rastro,
Un sendero abierto,

Un camino intransitable
mas no para mi boca.
Colgá señales para no perderme.
Quisiera olerme 
y encontrar
en ese espacio elegido
Tu olor,
lamerme
 y encontrar
Tu más arcaico sabor.
Vení, te ofrezco mi piel entera,
solo a vos.



Ana Álvarez R.
Febrero, 2017




viernes, 10 de febrero de 2017

EL JUEGO DE LOS DIABLITOS: LAS MÁSCARAS.








Con sus máscaras representan a los diablitos;
diablitos que luchan contra el Toro invasor,
indígenas contra el español conquistador.
En un inicio, no las pintaban,
mas en los últimos años,
las llenan de colores vivos.
Con ellas tratan de amedrentar al Toro a quien,
en el último día de la contienda, vencen.
Es un trabajo maestro.
Aquí les dejo una pequeña muestra de ellas.
Espero que las disfruten.

Ana.

Enero 28, 2017

jueves, 2 de febrero de 2017

Es una experiencia casi alucinante: El Juego de los diablitos




EL JUEGO 
DE LOS DIABLITOS

Un sábado normal, 
19 personas nos enrumbamos hacia la zona sur de Costa Rica, específicamente, hacia Rey Curré, Territorio Indígena Boruca,  
para pasar el fin de semana disfrutando de la celebración que tienen a finales de enero: El juego de los diablitos.




“Curré es una de las comunidades indígenas actuales más decididas en la defensa de su territorio, tradiciones y
recursos naturales. Sus raíces se inician alrededor de 1500 años antes de Cristo cuando sus fértiles terrenos fueron ocupados por primera vez por grupos humanos” 
(Francisco Corrales Ulloa)
 y se encuentra en el cantón de Buenos Aires, provincia de Puntarenas 
                                                 

Yo tenía una idea sobre lo que íbamos a encontrar después de las tantas horas de viaje. La sorpresa fue muy agradable. Esta comunidad está asentada en la margen del Río Grande de Térraba, cuyas aguas fueron una importante vía de transporte en su época; río de aguas claras, ancho, de color profundo, de piedras y más piedras redondeadas por la fuerza incalculable y monótona de su  corriente. Piedras que les sirvieron para construir montículos, metates, hachas y manos de moler. 




En sus aguas, los pobladores y la gente de afuera se refrescan después de seguir por horas el juego de los diablitos, contienda eterna entre el toro, español-conquistador y los diablitos, indígena- defensor de su tierra y de su alma. 




Todos contra el toro-español, toro. Lo provocan, lo golpean y éste los embiste con toda su fuerza, resopla, bate el polvo, cornea y los diablos-indios-diablos luchan sin descanso para doblegarlo.




Inician el juego el viernes y juegan tres días seguidos de la mañana a la noche hasta que, en el último día, ese toro es vencido. 


Mientras tanto, el juego continúa, seguido muy de cerca por el pueblo y por los visitantes que con sus cámaras buscan captar el mejor momento, la rabia del toro, el orgullo de los nativos.



Todos deseamos acompañarlos, pasando de una casa a la otra en cuyos solares se lleva a cabo una y otra y otra vez la bulliciosa contienda. 


La música del acordeón y el sonido de un caracol de cambute les avisan cuando inicia y cuando termina el juego.




Los más chiquitos llevan pequeños tambores marcando el compás de la danza. Porque es un juego, pero también una lucha y una danza.

















Usan máscaras elaboradas en madera de balsa que, probablemente, han fabricado cada uno de ellos con su particular motivación. 









Máscaras vivamente pintadas que pretenden infundir miedo al contrincante, caras de animales salvajes, de personajes de grandes ojos, cachos y pómulos salientes con cuerpos de gangoche y hojas hasta el suelo. 









 Conforme avanzan, 
los muchachos se van juntando en una hilera, abrazados, 
en grupos de 2, 3, 4 y hasta 5 diablitos, 
como si quisieran decir que "la unión hace la fuerza"
y así se le enfrentan a ese toro bravío.





        
 Todo el camino gritan para amedrentarlo, para sorprenderlo, para darse valor sacando de adentro toda su emoción. Los que los acompañan los motivan gritándoles “juéguelo, juéguelo” (“juéguelo”, al toro, es como una forma de “torearlo”, de provocarlo)




En cada casa la chicha es el premio para estos luchadores, personajes animalescos.  Beben todos; los diablos, el toro, las mujeres, los viejos, los muchachos, los visitantes. La chicha es obsequiada por las familias que ese día abrieron sus puertas a la lucha milenaria.






 Sobre la marcha, más diablitos se van uniendo a esa fuerza común, como si en cada estación los estuvieran esperando para apoyar el esfuerzo de sus compañeros por vencer al conquistador-intruso- usurpador.




Conforme pasa el día, el juego se intensifica. Incluso sus niños, con máscaras diminutas, tratan de batirse con el toro. Ellos también tienen su turno para medir fuerzas con el gigante invasor.


Es una experiencia casi alucinante.



 Un pueblo entero que se une para no perder de vista sus tradiciones, un pueblo que lucha porque sus raíces no desaparezcan en el remolino de las invasiones modernas. Luchan porque sus niños no olviden de dónde vienen y que comprendan que su historia está viva. 









Son hombres y mujeres bellos,
de piel curtida de un oscuro reluciente, de cabellos brillantes y lacios. 







Un pueblo que respeta
 a sus mayores.








Me llevo impreso en  mi aliento y 
tallado en mi piel el orgullo indígena.
Imágenes imborrables de un pueblo que lucha 
cada día por conservar lo que les pertenece.

 Me llevo imágenes irrepetibles, 
el color, el calor, el polvo milenario. 
La visión de ese río de vida. 

Me llevo el olor, el sabor, 
el sudor de todos ellos y de todos nosotros. 

Me llevo la imagen pura de la fuerza 
por seguir perteneciendo.




Ana Álvarez Rojas
Enero 2017